Equipamiento público gestionado comunitariamente. Un espacio de dinamización cultural, económica y lúdica en el barrio de Sants.

 

1- Orígenes y descipción de la experiencia.

 

Can Batlló es un antiguo recinto fabril de finales de 1880 ubicado entre la Calle Constitució y la Gran Via, en el barrio de la Bordeta, del que ocupa un cuarto de su superficie (9 hectáreas). El Plan General metropolitano de 1975 preveía importantes remodelaciones urbanísticas. Des del 11 de junio de 2011 pero, su función y fisonomía cambiaron drásticamente. Los antiguos talleres metalúrgicos, de impresión y de otras actividades, dejaron paso a un nuevo espacio social y comunitario por y del barrio. Espacio de propiedad privada, después de más de 35 años de reivindicación y a través de una cesión del Ayuntamiento, se ha convertido en un equipamiento de uso y gestión colectiva, abierto y gestionado directamente por los vecinos y vecinas. Implica a más de 300 personas y muchos proyectos y actividades que han hecho crecer el proyecto vertiginosamente. Desde las iniciativas iniciales como la remodelación del Bloque Onze en un sitio de encuentro, la Biblioteca Popular Josep Pons y la adecuación del Auditorio, las propuestas se han multiplicado. Actualmente conviven varios proyectos como el taller de carpintería, el de infraestructura, el rocódromo o el grupo de circo. En breve, pero, se incorporarán el Vivero de Economía Social y Cooperativa, el Proyecto Cooperativo de Cesión de Vivienda, la Sala de Informática, una fábrica de cerveza artesana, un espacio audiovisual, un taller de auto-reparación de motos o una escuela de Formción Profesional, hecho que genera la necesidad de incremntar el espacio necesario para dar cabida a la multiplicación de la actividad.

La relevancia de esta experiencia no es sólo por el cambio jurídico de titularidad de su uso –pasando de privado a público– sino por la estrategia de lucha y reivindicación vecinal que se ha desarrollado y que ha conseguido este espacio. También representa un caso relevante el propio modelo de gestión interna regido por los principios de la autonomía y la auto-suficiencia económica, la cooperación y la democracia organizativa.

Can Batlló es un espacio de uso comunitario donde se realizan actividades musicales, culturales, auto-ocupacionales, reivindicativas o de formación. Es un gran recinto (de 1500 m2 a más de 6000 planificados) gestionado por los mismos vecinos y que aparece de la falta de espacios municipales en el barrio, el déficit de recursos públicos y de infraestructuras. La cesión del espacio se consiguió después de 37 años de reivindicación popular. En 1975, el Plan General Metropolitano reveía su remodelación con zonas verdes, equipamientos municipales y viviendas. El Plan sufrió muchas transformaciones desde entonces, re-planificando el diseño inicial e incluyendo nuevos espacios e infraestructuras. Hacia 2008 se constituye la plataforma vecinal “Can Batlló és pel Barri” en la que se agrupan movimientos populares y asociaciones de vecinos, como el Centro Social de Sants y la Asamblea de Vecinos y Vecinas de la Bordeta. Debido a la presión de la Plataforma, el Distrito se compromete a iniciar las obras en 2008 y a ceder la gestión al movimiento vecinal. Previniendo la demora en la ejecución de les acuerdos del Distrito, agravado por el cambio político en el gobierno municipal, la Plataforma inicia la campaña del “Tic-Tac” que fijaba como fecha límite para el inicio de las obras el 11 de junio de 2011. Esta campaña establecía que el no cumplimiento de los acuerdos por parte del Distrito implicaba la entrada de los vecinos de forma unilateral. Debido a esta presión, así como por el clima de crispación social que representó el 15M, se pudo entrar en el espacio de forma acordada. La consecución de los objetivos empujó a re-diseñar la estrategia de presión vecinal que tomó entonces un carácter más propositivos y creativo. No obstante, la Plataforma sigue realizando el seguimiento de los acuerdos y re-diseñando su propia estrategia.

 

2. Funcionamiento interno y externo.

 

El actual Can Batlló es un proyecto complejo en lo que respecta a su gestión, ya que ofrece y promociona una gran cantidad de actividades. Por un lado, las actividades que ya están en marcha, y por el otro, los proyectos que se están diseñando. Es por este motivo que dentro de la Asamblea del Bloc Onze participan varios grupos de trabajo en activo, como el de actividades, que gestiona y coordina todas las actividades y el calendario general, el de infraestructura, el taller de carpintería o el grupo de circo, entre otros. En paralelo, la Asamblea de Proyectos agrupa todos los proyectos que aspiran a disponer de un espacio y que se rige por los criterios de: a) promoción de actividades de tipo socio-cultural; b) la búsqueda de la autosuficiencia económica; y c) la alineación y coordinación de la actividad del Bloc Onze con el conjunto de campañas y propuestas sociales del bario. Así, es un espacio multi-disciplinar que busca la implicación al proyecto y las actividades, tanto de forma individual, como colectiva. Sumergidos en un proceso de reflexión sobre el estado actual del proyecto, se prevé que la Asamblea de Proyectos y la Asamblea general confluyan en una agrupando los varios grupos de trabajo, como el de negociación (con la administración municipal), el de estrategias (para generar campañas y el seguimiento de la agenda); el de diseño técnico participativo (del mismo espacio); el de comunicación externa e interna y el de economía (que mira por la autosuficiencia de todos los proyectos, así como del proyecto común).

 

3. Relación de lo común con lo público y la privado.

 

Can Batlló tiene muchas coincidencias con el movimiento vecinal de los 70 y 80. Los actores implicados son similares: asociaciones de vecinos y movimientos populares de barrio, la Administración pública –tanto Ayuntamiento como Distrito– y los propietarios del suelo. Los dos casos también comparten el objeto en disputa: más y mejores equipamientos municipales o recursos públicos en general. No obstante, el caso de Can Batlló tiene algunas particularidades que lo hacen relevante, ya que se diferencia por el régimen de gestión que propone: una vez el recurso se ha conseguido, la gestión no se cede a la Administración. La comparación con el caso de los Centros Cívicos municipales se vuelve así pertinente. Equipamientos largamente exigidos por asociaciones de vecinos que, una vez conseguida su titularidad pública, han quedado gestionados, administrados y dinamizados por empresas privadas de servicios bajo régimen de concesiones y “externalizaciones”. No obstante, actualmente en Barcelona conviven diferentes modelos de gestión de estos Centros Cívicos, desde los qu son de gestión colectiva y autónoma por parte de sus usuarios, hasta los que se basan en una gestión totalmente externalizada y privatizada.

Bajo la supuesta necesidad de buscar modelos más eficientes y eficaces, los Centros Cívicos han terminado por echar otros modelos de gestión y explotación del recurso público. Can Batlló representa una alternativa viable: gestión participativa, democrática y des-mercantilizada. La paradoja es que actualmente en Barcelona existen gran cantidad de equipamientos públicos de titularidad municipal que, en principio, generan y proveen de servicios u otros recursos públicos a la población. A la vez, pero, se rigen bajo los parámetros y los protocolos de explotación privada: rentabilidad, eficiencia económica y precarización de la mano de obra. Este proceso ha representado la paulatina privatización de la explotación de los bienes públicos. Se excluye así la posibilidad de gestionar estos equipamientos de forma directa y comunitaria, un proceso que, además, centrifuga y limita la capacidad de que en ellos se desarrollen iniciativas auto-organizadas por parte del vecindario. Es por ello que este caso es pionero en otra forma de entender y explotar lo público, hecho por el cual hablamos de un “bien público comunitario” o un “bien común” en el marco municipal. Aunque las características del espacio, del emplazamiento y del  barrio, hacen de él un caso muy particular, su modelo de gestión y administración aparece como un modelo alternativo, viable y con pretensión de ser replicable para otras experiencias. La diferencia con el modelo del centro Cívico municipal recae en su radicalidad democrática y en la implicación popular directa, no sólo por el modelo de lucha que ha generado, sino también por la implicación vecinal directa que se mantiene también en su gestión y administración como equipamiento.

Su modelo de lucha no se ha agotado con la obtención del espacio. Lo interesante es cómo este modelo de reivindicación ha interpelado al gobierno municipal, consiguiendo “arañar” de la Administración “aquello que debería ser público” sin que ello implique una cesión de la responsabilidad o implicación de la misma Administración pública. Este modelo parece defender la idea según la cual, no siempre es necesario contar con la acción de la Administración pública para generar bienes públicos-comunes, como la economía social o la cultura. Por ello este modelo permite pensar otra forma de plantear las reivindicaciones populares para obtener y explotar recursos urbanos, una nueva forma de gestión de aquello público, con una fuerte co-responsabilización comunitaria, desde la práctica de la auto-organización, la autonomía y el asamblearismo, prácticas que tanto revierten en el refuerzo del mismo equipamiento, como en el mantenimiento y potenciación del mismo movimiento reivindicativo

Es un caso paradigmático de modelo de “economía política”, demostrando que es un régimen viable e interesante, no sólo por el tipo de lucha que implica, sino sobre todo por cómo interpela algo que quedaba relativamente olvidado dentro los movimientos populares: el modelo económico que sustenta el mismo equipamiento. Es un caso relevante porqué plantea una forma de entender la economía dentro del marco municipal. En este sentido, tanto las actividades como los proyectos que se desarrollan tienen una importancia muy destacada. Basado en el principio de la auto-sustentabilidad económico, los proyectos que se desarrollan contienen un fuerte componente (político) económico. Sus posibles beneficios económicos revierten en la mejora del espacio y en la propia sustentabilidad del proyecto. De esta manera siempre se genera un retorno al proyecto por parte de las actividades, ya sea en retorno social, en especies, económico como también revirtiendo e la auto-ocupación de las personas directamente ocupadas. Así, la carpintería aparece como un dispositivo de gestión del espacio que también puede beneficiar económicamente a la gente que lo gestiona y dinamiza.

Cabe destacar también la relación del proyecto global con el sector privado y público en lo que respecta a su viabilidad económica. Por un lado, existe un vínculo con el sector público a través de BcnActiva, el SOC, la Dirección general de Economía Social y Cooperativa de la Generalitat, varias universidades, BAGURSA, el Departamento de Educación o el Patronato de la Vivienda del Ayuntamiento. No obstante, esta colaboración no genera dependencia económica, aunque pueda condicionar algunos aspectos técnicos, como la restauración del Auditorio o los mismos gastos del uso habitual (facturas de agua, luz, etc.). Este vínculo económico se circunscribe a la forma en cómo Can Batlló interpela la responsabilidad institucional del sector público hacia el movimiento vecinal. Representa, por lo tanto, una práctica muy diferente a la de recibir subvenciones uni-direccionales que, a la larga, pueden condicionar económica y/o políticamente los proyectos desarrollados. Por otro lado, también existen relaciones económicas con el sector privado, aunque no con la empresa privada convencional, sino con la economía social y cooperativa, de la cual también es impulsor y dinamizador. Colectivos o cooperativas como La Col (arquitectura), la consultora A+4, la Ciutat Invisible, Som Energia o el Grupo Unico son ejemplos de esta colaboración con el sector privado. El conjunto de relaciones institucionales, políticas y económicas, así como su posición con la concepción binaria entre la propiedad pública y la privada, hacen ver a Can Batlló como un modelo propio de economía política popular. Un modelo en el cual conceptos como “emprendedoría social”, “innovación económica”, “partenariado público-privado”, o “economía social” toman una nueva relevancia política que redunda en un refuerzo de las prácticas y recursos pàra la potenciación de la crítica y la contestación social.

 

4. Resultados.

 

Más que los recursos que puede ofrecer (biblioteca, informática, espacios de vida i vivienda y economía social y solidaria), lo que verdaderamente interesa es el propio modelo “político de gestión” en que se basa. Es decir: su propio modelo organizativo interno. La naturaleza de los recursos o servicios que ofrece pretende romper con la concepción a-crítica habitual del consumidor como sujeto pasivo. Es por ello que los proyectos y actividades generados cuentan con un contenido alternativo y ofrecen un marco institucional atractivo para que los “usuarios” puedan participar en la gestión cotidiana del proyecto. El resultado del proceso que hasta ahora ha seguido Can Batlló es un modelo de gestión política que (re)genera una economía situada en los espacios recuperados del sector público para transformarlos en espacios del “bien público común”. Un proyecto integral y transversal que no opera fuera del sistema, sino desde dentro la ciudad, de la economía y la gestión pública. Es, en definitiva, una experiencia que pretende ser replicable, que funcione también como modelo o ejemplo viable y con capacidades adaptativas a situaciones propias de las diferentes comunidades y espacios urbanos.

Otro de los resultados observados es la capacidad ciudadana por generar una acción colectiva que promueva y desarrolle transformaciones del entrono urbano, tanto físicas como sociales. El diseño de los espacios, la creación de nuevos equipamientos, la apertura de calles del recinto industrial del barrio, el diseño de parques o zonas verdes, muestran las oportunidades y potencialidades de esta experiencia en el sí de la movilización social que, de forma creativa, ha conseguido recuperar y gestionar un espacio en desuso. El proceso de Can Batlló representa una oportunidad de reivindicación del común. Una transformación de lo urbano de forma participativa, un cambio de modelo en la construcción colectiva de la ciudad, contrapuesto a un urbanismo mercantilizado que se ha alejado de los valores fundamentales de interrelación y sociabilidad, la generación de espacios transversales de vida, trabajo y cultura. Con Batlló representa una vuelta a la participación al urbanismo en el que la ciudadanía se proclama protagonista, exigiendo mejoras democráticas en la toma de decisiones de las cuestiones urbanas: un ejercicio del “derecho a la ciudad”.

 

Contacto e información:

http://canbatllo.wordpress.com