Espacio sociocultural y de encuentro vecinal auto-gestionado y asambleario sumido en lucha histórica por el bien común.

 

1. Orígenes y descipción de la experiencia.

 

El Ateneu Popular Flor de Maig es un espacio comunitario, auto-gestionado por distintos colectivos, entidades, asociaciones y vecinos del barrio, donde se realizan todo tipo de actividades socioculturales, reivindicativas, formativas y en especial es un punto de encuentro de la comunidad.

En Octubre de 2012, el espacio fue ocupado y comenzaron a desarrollarse actividades. El pasado 23 de marzo de 2014, después de que la propiedad hubiera interpuesto una demanda y llevado a juicio la ocupación del edificio, el ayuntamiento se comprometió a comprar el espacio y cederlo en uso a l’Associació Flor de Maig para que continue la gestión comunitaria que se había iniciado un año antes. El Regidor del Distrito, Eduard Freixedes, se ha comprometido a no desalojarlo.

La andadura de la “Societat Cooperativa Obrera d’Estalvi i Consum la Flor de Mayo” comenzó en 1890. Fundada como cooperativa de consumo por 17 obreros, llegó a convertirse en una de las más importantes de Cataluña. Como podemos leer en el blog de la Flor de Maig: “A finals dels anys vint la Cooperativa tenia set sucursals, la seu central i la finca de Cerdanyola amb la seva Granja, tot un èxit. Però precisament aquest èxit “comercial” seria causa, primer d’un estancament i després d’una confusa sensació de crisi que es consolidaria a la República. És de suposar que l’esperit cooperativista quedava diluït davant la magnitud de l’entitat, sorgint disputes entre les juntes directives de les sucursals, situació que a més es veuria agreujada amb els problemes econòmics derivats de la crisi del 29”.

El antropólogo José Mansilla explica en el artículo Nunca nos fuimos. Frontera, memoria y resistencia en la Flor de Maig que, en el momento de mayor apogeo, a finales de los años 20, la Cooperativa tuvo más de 1500 socios, 120 trabajadores y 6 sucursales, lo que da cuenta de sus impresionantes dimensiones para la época.

Además de sus funciones propias de consumo, se organizaban distintos tipos de actos sociales y educativos, especialmente la alfabetización de niños y personas adultas.

La Guerra Civil y el Franquismo pasaron su factura, a causa de las innumerables vicisitudes y rapiñas del patrimonio que tuvieron lugar en este contexto, y la cooperativa cerró puertas en 1950.

En diciembre 1978, en plena Transición, el Ateneu Flor de Maig abrió sus puertas, recuperando el antiguo edificio de la cooperativa, gracias a la presión popular. Desde mayo de 1979 en adelante se celebraron “les festes de Maig”, que daban cabida a todas las asociaciones, organizaciones y personas del barrio. De esta manera, el edificio se consolidó como un emblema del movimiento vecinal de los 70.

El Ateneu estuvo alquilado por el Ayuntamiento desde 1979 hasta junio de 2012. En ese momento el consistorio tomaba la decisión unilateral de dejar de pagar el alquiler a la familia Aguilar y cerrar el espacio, lo que generó enfados y movilizaciones de protesta hasta que pocos meses después, el edificio fue ocupado.

A pesar de la compra por parte del Ayuntamiento, la familia Aguilar pidió el desalojo de la Flor, lo cual fue desestimado.

 

2. Organización interna y externa.

 

En el Ateneu La Flor de Maig participan distintos colectivos (Arran del Poblenou, Assemblea social del Poblenou, Assemblea solidària contra els desallotjaments, apropem-nos, Hort indignat 1, Hort indignat 2, Cooperativa La Unió) y la sede acoge también una variedad de proyectos y actividades (Punt d’informació i coordinació cooperatives de consum, documentals, projecte d’intercanvi i recollida de roba “la flor de drap”, espai jove, aula d’estudi, Cooperativa Pimponera Pala Perduda, Vermutet en Flor, Coral de la Flor de Maig, grup de swing), dando un gran valor a aquellos que tienen una filosofía de transformación social. Casos como los del colectivo Arran de Poblenou, o el proyecto de aula de estudios, se podrían enmarcar en un ámbito dedicado a los jóvenes. Igualmente encontramos otros colectivos que persiguen dicho objetivo de transformación social, como es el caso de la Assemblea Social de Poblenou o la Assemblea solidària contra els desallotjaments, que actualmente apoyan, guían y asesoran a los afectados de los desalojos de las naves del calle Puigcerdà, actuando el espacio del ateneu como punto logístico para sus reuniones, acciones y ayuda a sus reivindicaciones. Igualmente encontramos colectivos y proyectos que se mueven en el ámbito de la defensa de los derechos laborales y la economía solidaria, como es el caso de la cooperativa de trabajo Re-Cooperem, y otros dedicados más al consumo consciente y transformador como pueden ser la cooperativa de consumo la Unió o la Flor de Drap, cuya alternativa se basa en el intercambio y recuperación de ropa. Todo ello unido a distintas actividades más lúdicas y culturales como puedan ser conciertos, juegos de pin-pon, obras de teatro, entre otros, confieren al espacio una actividad diversa y compleja.

En el plano de la organización interna encontramos dos niveles estratégicos, por un lado una “coordinadora de colectivos y proyectos”, donde participa un representante de cada colectivo, proyecto o comisión, y que se reúne con mayor frecuencia, con una toma de decisiones más técnica, que resuelve el funcionamiento diario del espacio. Y por otro lado, una “Asamblea General”, abierta a todos los interesados, vecinos, etc., cuya misión pasa por el debate de ámbito general y de tipo ideológico, político y participativo. Distintos niveles en los cuales se anima a todos los colectivos y personas a implicarse en ellos, o al menos conocer la lucha social que persiguen.

Por otro lado y en cuanto a relaciones con otras experiencias territoriales, destacamos la relación con Can Batlló debido a las formas similares de organización y al hecho de recuperación de espacios colectivos que sufren una especulación de manos privadas. Ambas recuperaciones cuentan con el apoyo de un fuerte tejido social del barrio.

La Flor de Maig también tiene relaciones con el Ateneu La Sèquia de Manresa y otros CSO con los que comparte debate sobre las formas de organización, gestión, luchas, etc.

 

3. Relación del común con lo público / privado.

 

La Flor de Maig promueve lo que podemos llamar “economía política popular”. Atendiendo a sus raíces históricas y posicionándose políticamente, se intenta recuperar el sentido de la economía social y solidaria mediante encuentros, conferencias y demás actividades. También, de una forma más activa, como espacio logístico de estas actividades y proyectos que se desarrollan habitualmente, sirva de ejemplo el caso de Re-Cooperem, cooperativa de trabajo que defiende los derechos laborales de los afectados por la crisis y que, además, organiza cenas populares que revierten en la auto-ocupación de las personas implicadas.

Proyectos que confieren a participantes y afectados/as por la crisis una gran dosis de autoestima, seguridad e identidad colectiva que les permiten afrontar ese sentimiento de impotencia inicial, convirtiéndolo en fortalecimiento y organización colectiva. Una dinámica de empoderamiento que comienza con el reconocimiento de su situación: no son responsables ni de esta crisis ni de quedarse sin trabajo. A partir de ahí se buscan soluciones propias dentro de una colaboración e identidad colectiva.

Las relaciones con el sector privado se perfilan, principalmente, desde la alternativa de la economía social y solidaria. Previsiblemente, esta situación crecerá y se consolidará a causa de las posibilidades que ofrece la conquista del espacio, que ahora podrá funcionar como sede legal.

En definitiva, se trata de un modelo de economía política popular, en sintonía y relación con otras experiencias como la de Can Batlló, y que refuerza el objetivo de transformación social a través de un empoderamiento de los y las participantes.

Por otro lado, el ateneu conforma un modelo de re-apropiación del espacio, que se apoya en la ocupación como instrumento para frenar las intenciones especulativas de la propiedad y de la administración. La Flor de Maig es un símbolo social en el barrio desde hace más de 60 años. Su lucha va más allá de hacer efectivo el compromiso de las administraciones para el traslado de titularidad del edificio: lo que se persigue es que la comunidad continúe siendo la que gestione el propio recurso o “bien común”.

Entre los objetivos de la movilización que se puso en marcha con la recuperación del edificio hay algunos de carácter general, como detener el deterioro del tejido social fruto de la especulación inmobiliaria y hotelera, una batalla inscrita en el desafío al plan del 22@, el cual está orientado hacia la creación de un parque tecnológico con grandes multinacionales, que amenaza el espacio industrial, el patrimonio social de Poblenou y el tejido social e idiosincrasia del barrio.

Otro de los objetivos se fundamenta en los propios principios perseguidos por la experiencia, que se quiere diferenciar claramente de la continua externalización a empresas privadas en la gestión de los Centros Cívicos que ha promovido la administración. En la línea de Can Batlló, la Flor de Maig busca constituir un contenedor de iniciativas basadas en la auto-gestión y el apoyo mútuo, desafiando así la precarización que el sistema de Centros Cívicos impone a sus trabajadores/as mediante la gestión externalizada de las actividades llevada a cabo por empresas culturales que infrapagan el trabajo y se quedan con la mayor parte de la tajada de los beneficios.

Finalmente, como ya se ha dicho, la cesión del uso del edificio por parte del ayuntamiento a la asociación se apoya en los principios de autonomía y desarrollo comunitario.

 

4. Resultados.

 

La lucha del Ateneu Flor de Maig es por un lado un combate por un doble común: en primer lugar, por la conservación de la memoria cooperativa y vecinal, reivindicando un espacio que lleva consigo uno de los ejemplos históricos más significativos de la ciudad en este sentido; en segundo lugar, practicando la gestión común y cooperativa de un inmueble cuyo potencial se podrá desarrollar a partir de ahora después de haber forzado al ayuntamiento de la ciudad a comprar y ceder el inmueble, no teniendo que dedicar más esfuerzos, a partir de ahora, la comunidad a la resistencia.

Más allá del doble común, la apuesta de la Flor de Maig se encuentra en el desarrollo de una ciudad cooperativa, es decir, como generación de empleo a partir de las necesidades, las capacidades y los saberes barriales, así como también persiguiendo la creación de un mercado de trabajo social, basado en la ética de las relaciones de igualdad y en la práctica de abolición de las jerarquías empresariales.

Podemos asimilar la situación de la Flor de Maig a otros ejemplos como el de Siglo XX del barrio de la Barceloneta o Can Batlló. En todos los casos se ha conseguido forzar el compromiso de la administración hacia el barrio. A este respecto es importante señalar que quizá, viendo la decisión del ayuntamiento de dar apoyo a estos ejemplos citados, comprando los respectivos inmuebles y, por contra, negárselo al recientemente desalojado Centro Social La Carbonería, estamos presenciando los primeros pasos de una forma de gobernanza diferencial: si la ocupación corresponde a un movimiento vecinal histórico, se reconoce su valor de interlocutor y se accede a favorecer sus demandas. Si el colectivo se asocia al movimiento de okupación y no tiene trayectoria previa vecinal, su legitimidad se ve mermada por la administración y simplemente se desaloja por la fuerza. Habrá que prestar atención a ésta forma de gobierno en los próximos meses y años para ver si estamos en lo cierto, pero la tendencia apunta hacia la hipótesis que hemos descrito.

Parece también que el ayuntamiento gobernado por CIU, frente a la crisis, está tratando de colaborar más con las organizaciones vecinales. Esta tendencia parece señalar que el consistorio ha hecho una apuesta de cara a la gestión de la pobreza creciente en la ciudad, permitiendo espacios de auto-organización que encuentran soluciones varias ante las múltiples emergencias que se están produciendo en el marco de la austeridad. La apuesta política de la Flor (y de Can Batlló, y de Siglo XX), no es asistencialista sino todo lo contrario: el aprovechamiento de la infraestructura cedida para desarrollar comunitariamente un proyecto antagonista a la gestión neoliberal de la ciudad. En este sentido, y ya para terminar, José Mansilla y Mar Redondo, activistas de la Flor, hablan del Ateneu como un “espacio de esperanza”, es decir, una iniciativa política que, a pesar de su ubicación en la selva especulativa del 22@, busca reconstruir tejidos comunitarios y abrir una brecha hacia un modelo de ciudad alejado de la marca Barcelona. Una ciudad cooperativa, inclusiva y de propiedad común.

 

Más información: “Nunca nos fuimos. Frontera, memoria y resistencia en la Flor de Maig”. José Mansilla.