Cooperativa autogestionària, al Barri de Sants. Espai comunitari on s’uneixe i es projecte el pensament crític i la intervenció social per donar valor al cooperativisme

 

1- Origen y descripción de la experiencia.

 

La Ciutat Invisible es una cooperativa autogestionaria y activista ubicada en el barrio de Sants de Barcelona que nace en el año 2005 a partir de tres proyectos preexistentes. Éstos se desarrollaban en la sede de la Asociación Arran del mismo barrio de Sants -La Distri, el taller de serigrafía y el centro de documenteación del CSOA La Hamsa- que se dedica principalmente a la producción cultural y discursiva crítica a través de diferentes proyectos.

El origen de esta experiencia nace en el contexto post-Fórum del movimiento, un momento de reflujo del ciclo 1996-2004 [1] que supuso la revitalización de la auto-organización y la acción colectiva a partir de prácticas insurrecionales y subversivas con la calle como espacio de expresión de la conflictualidad social y reivindicación del derecho a la ciudad contra la gobernanza del modelo Barcelona.

Es en este momento en que 6 personas del barrio de Sants que venían de las tradiciones de la Autonomía o del feminismo y vinculadas a CSOAs históricos del barrio como Can Vies o La Hamsa, y por tanto vinculadas en mayor o menor medida a la Asamblea de barrio de Sants -constituida en 1996 fuertemente vinculada al movimiento okupa, pero progresivamente abierta a otros movimientos y ámbitos de lucha y transformación social- se plantean cómo preservar y reproducir en el ámbito socioeconómico la capacidad de auto-organización política y la aplicación de la democracia directa en la lucha social desde una perspectiva laboral.

Este planteamiento emerge de su genealogía en el activismo político, que les lleva a realizar una autocrítica desde el activismo directo a la necesidad de crear estructuras estables y permanentes. Pero también de las condiciones de precariedad material y ansiedad existencial en que vivían.

Inspirándose en la experiencia alemana del proyecto A en la ciudad de Neustadt concluyen que, frente la fragmentación de la vida y las condiciones de precariedad material y existencial, la clave consiste en la construcción de estructuras que combinasen la práctica política, la esfera del trabajo y la propia vida por un lado; y por el otro, en el desarrollo de proyectos íntimamente vinculados con el territorio.

A partir de estas necesidades y planteamientos deciden constituirse en una cooperativa de trabajo, fundamentealmentee con dos objetivos: primero, desarrollar una herramienta compleja polifacética de producción cultural y discursiva crítica en torno a la Economía Social y Solidaria (ESS), los Movimientos Sociales, las  políticas urbanas, y las cuestiones de género y el feminismo. Segundo, la intervención socio-política (teórica, histórica, práctica) en el marco de un proyecto más global, “Barris Cooperatius” (Barrios Cooperativos), que plantea un cambio de modelo y matriz productiva urbana en la ciudad de Barcelona.

Su actividad cotidiana se estructura a partir de 4 ejes y los proyectos correspondientes: (1) comercial: tienda y librería crítica, (2) diseño y comunicación gráfica, (3) investigación, formación y edición en temas de economía cooperativa, y (4) intervención socio-política y asesoría técnica para el acompañamiento para la constitución de nuevas cooperativas.

No obstante, podemos diferenciar dos etapas, una que va desde su constitución en 2005 al 2009, y una segunda desde 2009 a la actualidad. Durante la primera etapa la actividad se centró en el eje comercial y permitió su consolidación económica a través de los proyectos de Librería Crítica y la tienda, si bien es cierto que, cuando la Ciutat Invisible abrió sus puertas, ya se proyectaba como  Centro de documentación e investigación sobre les movimientos sociales emergentes y el patrimonio histórico de las cooperativas obreras.

El proyecto de librería crítica fue un paso natural ya que algunos de los socios ya habían tenido experiencias de autogestión económico-laboral informal en distribuidoras –La Distri- principalmente de libros de pensamiento crítico. Está especializada en el campo de perspectivas que aportan alternativas de emancipación y de construcción comunitaria y se concibe como un punto de encuentro para debatir diversos temas críticos de política, economía, o género entre otros. En definitiva un espacio para compartir el conocimiento.

El proyecto de tienda se enfoca a la creación y distribución de materiales e imaginarios críticos. Comercializan  productos textiles como camisetas y sudaderas, vinculados también al eje de diseño y comunicación gráfica que a partir de la multidisciplinariedad y las NTIC quiere crear un diseño social para cooperativas, entidades y movimientos.

En relación al archivo del Centro de Documentación, éste provenía de la sede de Arran en el barrioo de Sants, lugar en el que se ubicó desde el desalojo del CSOA La Hamsa (1996-2004). En un inicio se conformó a partir de archivos personales de poco antes de los 80, pero poco a poco se fue nutriendo de documentación sobretodo referente al movimiento okupa y centros sociales de los 90, y después de los movimientos sociales antiglobalización, recogiendo así el pensamiento crítico, prácticas y modos de auto-organización de los movimientos desde la Transición hasta la actualidad. Este proyecto no está directamente gestionado por los socios de la cooperativa de trabajo, sino entre 3 y 4 personas que pertenecen a la Asociación Ciutat Invisible y probablemente sea trasladado a Can Batlló.

A partir del año 2009, en un contexto de crisis y en un momento en que

“el cooperativismo en Sants era una realidad fragmentada, sin proyección social y con una desmemoria importante respecto a los antecedentes históricos que habían hecho, de nuestro barrio, uno de los bastiones del cooperativismo obrero catalán. De las cooperativas existentes, había pocas [2] que promoviesen la identidad y los valores cooperativos; la intercooperación entre ellas era nula y, a nivel de barrio, el modelo cooperativista no era demasiado conocido.”

La Ciutat Invisible arranca conjuntamente con la Federación de Cooperativas de Trabajo de Catalunya (FCTC) el proyecto “Barri Cooperatiu”, y de esta manera arrancan también los ejes de investigación, formación y edición, así como de intervención sociopolítica que inauguran su segunda etapa.

El proyecto “Barri Cooperatiu” promueve la economía local no mercantilista para el desarrollo local a través de la articulación del territorio cooperativamente (ESS) y plantea una serie de estrategias: la recuperación de la memoria colectiva sobre cooperativismo obrero; la socialización del imaginario cooperativista y su reelaboración en la sociedad actual, creando uno nuevo; poner el cooperativismo en el centro del debate en el tejido asociativo, rompiendo así la división o bifurcación entre lo sociopolítico (AMPAs, movimientos vecinales y sociales) y el tejido socioeconómico; y el asesoramiento y acompañamiento de proyectos cooperativistas para su constitución.

En cuanto a la recuperación de la memoria colectiva, “fue una intuición” al ver que en el barrio de Sants, caracterizado por un fuerte ecosistema social y activista, había muchas cooperativas. Comienzan a investigar al respecto de la historia cooperativista del barrio y encuentran un campo de conocimiento no tratado por la Academia que se ha convertido en su principal motor de investigación.

Desde una perspectiva histórica, a mediados del siglo XIX Sants experimentó el inicio de la transición de una villa agraria hacia la ciudad-fábrica fordista con la instalación de tres grandes fábricas textiles, cada una de las cuales ocupaba a millares de obreros, hombres, mujeres y niños: el Vapor Vell (Vapor Viejo), la España Industrial (o Vapor Nou, en aquel momento la fábrica textil más grande del Estado español), y Can Batlló.

Pero paralelamentee, este cambio de modelo productivo (y urbanístico) supuso la auto-organización del proletariado en sindicatos frente las condiciones de precariedad laboral y el conflicto de clases,  sobretodo en la Federación de las Tres Clases de Vapores; pero también la auto-organización obrera en cooperativas, mutuas y redesde apoyo mutuo [3] para la garantía de las condiciones materiales de existencia y la reproductividad social a través de la defensa de los medios y modos de vida autónomos, así como del bienestar de los trabajadores y trabajadoras sin ningún tipo de mediación pública-estatal.

En un contexto en que el Estado no disponía de las instituciones básicas de los regímenes welfaristas que garantizan el acceso al derecho a la salud o a la educación; si bien las cooperativas, y en menor medida las mutualidades, se caracterizan por la libre asociación y auto-organización de los trabajadores y trabajadoras, la propiedad colectiva de los medios de producción, la auto-gestión en base a la democracia directa, la redistribución de la riqueza y de los bienes y servicios producidos y gestionados, y la intercooperación; también se caracterizaron por construir una esfera autónoma de productividad y reproductividad social. Especialmente a través del consumo cooperativo (e intercooperativo), a partir del cual financiaban bajas por enfermedad, paro, pensiones de viudedad y orfandad, sistemas educativos y de salud, e incluso la construcción de ateneos culturales y viviendas par las cooperativistas y sus familias.

De esta manera, podemos ver como el modelo cooperativista obrero anticipó los regímenes del Estado de Bienestar a partir del valor de uso antagónico del modelo capitalista de explotación y extracción de la riqueza del tejido productivo y social. Un modelo de emancipación social construido a partir de la cooperación social y la creación de nuevas formas institucionales del común que garantizaban todas las necesidades comunes, materiales e inmateriales, de las cooperativistas al margen del Estado y del capital.

Pero al mismo tiempo, esta recuperación de la memoria política, que no histórica, del cooperativismo obrero y su cultura social, relata y visualiza claramente la historia política en Catalunya:

“industrilalización, autoorganización obrera, creación de instituciones propias, revolución social y extensión y sociabilización de estas instituciones, muerte de la república y victoria fascista, la consiguiente destrucción de este mundo y expropiación del patrimonio obrero por parte del fascismo, una transición mal hecha que no repara este patrimonio (sí el patrimonio de los partidos y sindicatos mayoritarios, pero no el patrimonio autónomo de las clases populares a la gente de los barrios), y desmemoria democrática”

Después de 2012 finaliza la primera fase del proyecto Barri Cooperatiu dado que ahora financia otros territorios como la Barceloneta, pero continuan desarrollándolo en Sants. Es por ello que ahora desarrollan sus proyectos de los ejes de investigación e intervención socio-política en la búsqueda de alianzas, pero especialmente en Can Batlló, acompañando a otros proyectos cooperativistas y de ESS como por ejemplo potenciando la cooperativa de vivienda en cesión de uso de Can Batlló o colaborando con LaCol en el proyecto Coopolis para la promoción de la economía cooperativa.

 

2. Organización interna y externa.

 

La organización interna de La Ciutat Invisible es fundamenta en las características propias de las cooperativas citadas anteriormente. La distribución de las fuerzas productivas, actualmente son 5 socios/as trabajadores, en torno a los diferentes ejes y los correspondientes proyectos se hace de acuerdo a los principios de democracia económica y las diferentes trayectorias y voluntades personales: en el eje comercial se dedican 3 personas, al diseño gráfico 1, al de investigación, formación y edición 4, y al de intervención sociopolítica las 5 atendiendo al carácter activista y transformador de la cooperativa.

Quizás la característica más relevante de este modelo organizativo es el modelo de gobernanza basado en la democracia directa y en el hecho que han podido cooperativizar todos los bagajes y potencialidades personales en el marco de un proyecto estratégico y político colectivo que les hace sentir realizados a nivel profesional.

Frecuentemente las cooperativas de trabajo pueden verse como una respuesta acomodativa al capitalisme y al mismo tiempo como una respuesta antagonista frente los nuevos enclosures de todas las esferas de la vida a través de la desregularización, privatización y expropiación. En el caso de La Ciutat Invisible, desde su constitución siempre se ha planteado como una respuesta antagonista y transformadora hacia modelos postcapitalistas cooperativos.

Sin obviar esta visión controvertida, resulta interesante analizar su modelo cooperativo desde la perspectiva de los comunes. Esto es así en la medida en que la propiedad es comunal; es gestionada a través de mecanismos de democracia directa por sus socias, la comunidad; en tanto la recuperación de la memoria política cooperativista y la producción cultural y discursiva crítica pueden entenderse como la reapropiación y producción de bienes comunes inmateriales culturales respectivamente; porque sus objetivos enmarcados en la ESS y la transformación social, se enmarcan también en lo que denominamos economías del común; y más ampliamente en tanto la auto-organización y acción colectiva es clave en los procesos de commoning.

La auto-organización de los trabajadores es caracterizada por Otani [4] como comunal, conscientemente planificada, en una escala suficiente para movilizar el potencial productivo social, científica, satisfactoria de les necesidades de los trabajadores y trabajadoras, y realizante. Si además le sumamos la propiedad comunal de los medios materiales e inmateriales de producción y la autogestión democrática directa, podemos ver entonces las cooperativas de trabajo como La Ciutat Invisible como lo que podem denominar “comunes laborales [5]”.

 

3. La memoria cooperativa com recuperació d’allò comú.

 

Los comunes laborales rompen la lógica que concibe el trabajo de las fuerzas productivas como una mercancía más en el circuito capitalista, y por tanto rompe también con el antagonismo trabajo/vida de sumisión al capital. Como veíamos anteriormente, las socias de La Ciutat Invisible se planteaban precisamente cómo integrar trabajo, vida y acción política en una misma estructura frente la fragmentación de la vida y la precariedad.

Por otro lado, el capital deja de actuar como mediador en el salario laboral, para actuar más bien como mediador en la compra de la fuerza de trabajo [6]. De esta manera, más allá del cambio en las relaciones productivas y de la naturaleza misma del trabajo, los comunes laborales plantean un cambio en las relaciones de poder capitalistas hacia una autonomía postcapitalista del común basada en la democracia económica.

Esta democracia económica, que presupone el control sobre los medios de producción y la redistribución de la plusvalía de la actividad productiva de manera equitativa y/o proporcional, rompe claramente estas relaciones de poder capitalistas en tanto elimina la frontera entre trabajador/a y propietario/a, al mismo tiempo que provee las mejores condiciones de trabajo posibles. No obstante, los mecanismos de democracia económica no siempre garantizan que puedan reproducirse nuevas divisiones de clase en el sí de las cooperativas de trabajo en función de diferentes factores, como los ocupacionales o retributivos.

Desde la vertiente de los comunes inmateriales culturales, la reapropiación de la memoria política y la producción cultural y discursiva crítica tampoco se presentan como una mercancía, sino como una repatrimonalización de estos comunes expropiados del imaginario colectivo, al mismo tiempo que una herramienta para al cambio de cultura política y social a partir de la sociabililización de este imaginario y las prácticas cooperativas y autogestionadas.

Tampoco debemos olvidar el impacto que tienen estas actividades productivas basadas en los comunes laborales desde una perspectiva más amplia si tenemos en cuenta uno de sus objetivos estratégicos: la intercooperación. Más allá de ser un principio ético de apoyo mutuo entre cooperativas, la intercooperación contribuye a crear un sistema paralelo de prácticas económicas cooperativas y solidarias, y progresivamente a hacer un salto de escala en la autonomía de las mismas cooperativas. En este sentido, los proyectos de financiación cooperativa y étic como coop57, de la cuál La Ciutat Invisible es socia y forma parte de su Consejo Rector, juegan un papel fundamental.

La Ciutat Invisible tiene una “regla de oro: que en un 70-80% no dependamos de subvenciones” por tal de  mantener la autonomía económica desarrollando y compartiendo herramientas para autodotarse de ésta. Define su modelo ideal a partir “del mercado social, el trabajo cooperativo, el consumo responsable, la financiación cooperativa y ética, y que todo el modelo se retroalimente”.

A este subsistema generado por la actividad productiva e intercooperativa de los comunes laborales le llamamos economías del común, caracterizadas por la lógica antagónica a la extracción y acumulación por desposesión dado el valor de uso y carácter redistributivo de los recursos, bienes, y servicios que circulan en ella.

Es un modelo relacional, en tanto cooperativa de trabajo, que se alinea pues con los modelos de economía del común orientados a la autonomía. No obstante, en la coyuntura socioeconómica actual, ciertas características de sus proyectos demandan otros tipos de interrelación con lo público y lo privado.

Ante esta cuestión no tienen una posición muy definida, más bien muy heterogénea, desde el rechazo total a cualquier tipo de interrelación a una perspectiva más posibilista siempre y cuando tengan control total del proceso o proyecto concreto. Pero al mismo tiempo siempre emerge un debate central abierto en el sí de muchos movimientos sociales y colectivos autogestionados: cómo nos reapropiamos de un dinero y recursos que nosostros mismos estamos produciendo en otros ámbitos?

Parten de la visión que, por un lado, en los proyectos autogestionados el barrio juega un papel central; por el otro, para la gestión de bienes y recursos de una escala tal que  la autogestión pura no puede conseguirse, deben experimentarse nuevos modelos público-cooperativos-comunitarios (PCC). Un ejemplo de este modelo PCC nos lo aporta un proyecto que han firmado con el Ayuntamiento de Barcelona en el que están trabajando conjuntamente con LaCol: “Coopolis”, un gran centro de promoción de la economíaa cooperativa en una de las naves de Can Batlló, con una extensión de 6.000 m2, que se concibe como un contenedor estratégico de proyectos con una dimensión de ciudad “gobernado por la Administración, el movimiento cooperativo y ESS, y la participación ciudadana”.

En un contexto de crisis urbana, deslegitimación político-institucional, y en definitiva de crisis sistémica; el modelo PCC plantea un nuevo modelo de gobernanza basado en la interrelación pública, cooperativa y comunitaria con el cual los movimientos por la defensa de los comunes urbanos, estratégicamente, quieren forzar la introducción de cambios en la Administración Pública para la gestión de equipamientos, espacios y recursos comunes para los cuales la alcaldía no tiene una planificación estratégica más allá de su privatización y expropiación:

“ellos quieren promocionar discursivamente la emprendedoría y la smart city y a la práctica los puertos, hoteles, centros comerciales… Por tanto, todo lo que se está aplicando a Barcelona en otro sentido es fruto del conflicto, la confrontación y la correlación de fuerzas en un contexto de  crisis que ellos han de cubrir y dar pequeñas respuestas concretas para que no se impugne todo el modelo”.

De esta manera, en la tensión conflictiva entre el proceso de enclosures del modelo de gobernanza de Barcelona y el proceso de defensa y reapropiación de los comunes urbanos,parece abrirse una estructura de oportunidades políticas. Desde el cambio de gobierno en el Ayuntamiento una semana después de la eclosión del movimiento 15M en las plazas, algunas de las luchas por los comunes urbanos, como los equipamientos de Can Batlló, Segle XX, Germanetes, Ateneu Flor de Maig o Lleialtat Santsenca, se han estado ganando en tanto el Ayuntamiento parece estar abierto a la cesión de uso y la autogestión comunitaria de estos equipamientos.

Otro ejemplo de relaciones con lo público fruto de esta tensión conflictiva es la financiación de la última feria de la ESS en Fabra i Coats, que se enmarcaría en la concertación público-cooperativa. Otros ejemplos de este tipo de relaciones a partir de experiencias concretas de La Ciutat Invisible podrían ser sus colaboraciones con el Museo de Historia de Barcelona, el Museo de Historia de Catalunya o la Fundación Roca y Gales.

 

4. Resultados.

 

A la hora de avaluar los resultados conseguidos por La Ciutat Invisible debemos distinguir entre el ámbito interno y el externo. En clave interna, como proyecto cooperativo de trabajo ha conseguido sus objetivos iniciales con creces: crear una estructura permanente y sostenible que ha permitido integrar las diferentes esferas y modos de vida de sus socias a través de lo que denominamos comunes laborales de una manera autónoma; y convertirse en una máquina de producción cultural y discursiva de referencia tal y como se demuestra con su peso y rol en sus intervenciones sociopolíticas.

Por otra parte, aquélla investigación intuitiva sobre el cooperativismo obrero en el barrio de Sants ha devenido una palanca de transformación creando un nuevo imaginario cooperativista a partir de la reapropiación de bienes comunes culturales. Una memoria política que en la actual coyuntura política, social y económica, ha aportado las claves interpretativas necesarias para generar las condiciones de posibilidad para la emergencia de un nuevo cooperativismo entroncado con las luchas por los comunes urbanos y las economías del común articuladas territorialmente, las cuales han impulsado claramente con la apuesta por los barrios cooperativos y a través de las redes de ESS.

En este sentido, en una clave externa podemos ver cómo en el barrio de Sants se han instalado nuevas cooperativas [7] y cómo se está construyendo cierto tipo de coordinación a escala de ciudad como se visualizó en las jornadas “barrios cooperativos, ciudad común”. Encuentro que iba más allá del imaginario político cooperativista y cuestionaba el modelo de gobernanza de Barcelona y su economía política metropolitana [8] reclamando el derecho a la ciudad a partir de la defensa de los comunes urbanos y nuevas formas de gobernanza estructuradas en torno las ventanas de oportunidad que se abren en el nuevo equilibrio de fuerzas en la pugna por el modelo de ciudad.

El proyecto Coopolis firmado con el Ayuntamiento es quizás la mejor concreción del modelo PCC en que trabaja la Ciutat Invisible juntamente con cooperativas y movimientos y comunidades autogestionados. Un proyecto que de concretarse daría lugar a una nueva forma de institucionalización público-cooperativa de las economías del común a escala metropolitana.

En síntesis, La Ciutat Invisible podría considerarse como un caso paradigmático de los comunes laborales por su apuesta y papel en el impulso de economías del común y socialización de la cultura cooperativista; así como por su práctica política en torno  los comunes urbanos y la experimentación de nuevas formas de institucionalidad de las relaciones entre lo públic, lo cooperativo y lo comunitario-participativo.

 

Notas:

[1] El ciclo de luchas del movimiento que va desde 1996 a 2004 se inició con la constitución de la Asamblea de Okupas en enero de 1996 y el desalojo del cine Princesa en Via Laietana okupado el 10 de marzo de aquel mismo año, en el cual se okuparon 12 cases. Los dos años siguientes, 1997 y 1998, se okuparon 10 por año, tejiéndose una red de casas y CSOAs relativamente estable. Con el boom del movimiento okupa se inicia un ciclo de confrontación de los movimientos sociales marcado por las reivindicaciones antiglobalización y las siguientes intervenciones: la oposición a Barcelona como posible sede del Euroejército, y la consulta popular de la Xarxa Ciutadana per a l’Abolición del Deute Extern (Red Ciudadana por la Abolición de la Deuda Externa) el año 2000; la campaña contra el Banco Mundial el 2001; la contracumbre europea del 2002; las manifestaciones multitudinarias del 15 de febrero de 2003 del movimiento “No a la guerra”, y el desalojo de Les Naus y la Casa de la Muntanya, dos de las cases okupadas más antiguas y activas que en una doble “estrategia de higienización” que pasaba por la represión de los movimientos antagonistas y criminalización de las personas migradas el verano anterior al Fórum. Es precisamente con el movimiento  antifórum, encabezado por la Asamblea de Resistencias al Fórum 2004 y les Asociaciones de Vecinos de Barcelona, y la revuelta ciudadana espontánea “Pásalo” contra el Partido Popuar después de los atentados de Madrid del 11-M y antes de las elecciones del 14 de marzo del 2004, que concluye este ciclo.

[2] De les pocas cooperativas presentes en el barrio entonces podemos destacarAmbuláncies Catalunya, Net Neteja, Cusó Tapisers, la cooperativa educativa Institución Montserrat y la de consumo Germinal. Para más información respecto al contexto cooperativista en aquellos momentos verLlavor cooperativa.

[3] En las investigaciones llevadas a cabo por la Ciutat Invisible se recoge la constancia de la existencia de 28 cooperativas, la gran mayoría de consumo, que permitían mayor capacidad de compra y podían ofrecer a sus socios precios más económicos. “Entre otras, las cooperativas del barrio eran La Formiga Obrera (1885), La Igualtat (1892), La Lleialtat Sansenca (1892), La Nova Obrera de Sants (1897), Segle XX (1901), El Progrés Santsenc (1907), L’Empar Obrer (1909), L’Amistat Santsenca (1911), L’Actuación Econòmica (1917) o La Igualtat Cooperativista (1923). También tenemos constancia de la existencia de diversas cooperativas de producción, como La Redentora (1889) que producía racholas, la Cooperativa Obrera de Silleros y la Agrupación Vidriera (1932). Algunas cooperativas de consumo del barrio se coordinaban en el Grupo de Sants, integrada por 6 cooperativas, que realizaba tareas de intercooperación (central de compras común, producción propia de carne, pan, pastas,… par abastecer las cooperativas), que entre muchas actividades organizó en el barrio la XIV Fiesta Internacional de la Cooperación el dia 5 de julio de 1936. Así mismo destacamos las redes de ayuda mutua creadas, como La Sociedad de Socorro Mutuo La Igualdad (1891-1904), o la Mutua Escolar Nostra Guardiola (Nuestra Hucha), que contribuyeron a generar una red de relaciones de ayuda mutua, de solidaridad y de capacidad colectiva de organización, que permitían generar una sociabilidad de barrio. La mayoría de cooperativas del barrio tenían escuela propia o recursos para escolarizar los hijos de los socios, era común construir viviendas por los propios cooperativistas, impartían cursos de formación y charlas sobre temas diversos (cultura, salud, transformación social…). Las cooperativas anticiparon el estado de bienestar, al margen del estado.”

[4] Ver Otani, Teinosuke (2007, October 3-6) “Labouring individuals and asociation. Paper presentado en el “Congres Marx International, Paris, Sorbone et Nanterre”.

[5] Ver de Peuter, Greig y Dyer-Witheford, Nick (2010) “Commons and cooperativas. Artículo on-line a  http://affinitiesjournal.org/

[6] Lebowiz, M. (2003) “Beyond capital: Marx’s political economy of the working clas”. New York: Palgrave Macmillan, (pp. 88-89).

[7] Pueden encontrarse todas las cooperativas presentes en Sants actualmente en este link http://sants.coop/les-cooperativas-de-sants/

[8] Ver “El dret a la ciutat a Barcelona” (El derecho a la ciudad en Barcelona) artículo realizado por el Observatorio Metropolitano de Barcelona para las jornadas “Barrios cooperativos, ciudad común”.